Si los fantasmas son los espíritus de los muertos,
como muchos creen, ¿cómo podemos justificar ciertas apariciones
"inanimadas", como las de animales u objetos?
¿Y qué tienen en común con los clásicos espectros?



Quienes creen que los fantasmas son simplemente espíritus que reaparecen, almas de personas muertas que vuelven a la Tierra, deberán replantearse sus convicciones ante fenómenos fantasmales muy peculiares: ¿cómo explicar la larga tradición de "buques-fantasma", de carrozas, caballos y toda clase de animales espectrales, por no hablar del curioso caso del autobús-fantasma que en los años treinta tuvo preocupadas a las autoridades municipales de Londres? Efectivamente: según la teoría clásica, los espíritus deberían aparecer desnudos, y en realidad casi ninguno lo hace. Como afirma sucintamente Lyall Watson en su libro Supernature (Supernaturaleza): "Estoy dispuesto, en principio, a admitir la posible existencia de cuerpos astrales, sin embargo, no puedo llegar a creer en zapatos, camisas y sombreros astrales."

La literatura "sobre fantasmas", sin embargo, está poblada de cuentos de objetos inanimados que repentinamente se hacen visibles al observador; un ejemplo famoso es el puñal de Macbeth, cuya existencia real ponía en duda el propio personaje, por cierto. En cuanto a la aparición de animales espectrales, la Torre de Londres (lugar saturado desde siempre de fantasmas, según la creencia popular) ha sido escenario de varios casos famosos, entre ellos el que tuvo como protagonista, a principios del siglo XIX, a un soldado que murió, literalmente, de miedo. Estaba de centinela frente al edificio donde se guardan las joyas de la corona, cuando, cerca de media noche, oyó un sonido gutural detrás de él. Al girarse vio un gran oso negro de pie sobre sus patas traseras, con los dientes hacia fuera y los ojos rojos de rabia, que se abalanzaba sobre él. El soldado lanzó su bayoneta contra el cuerpo del animal, pero el arma pasó sin herirlo y el animal desapareció. Una patrulla encontró unos cuantos minutos después al soldado desmayado; la bayoneta estaba clavada en la sólida madera de la puerta. El soldado, todavía sin sentido, fue trasladado al cuerpo de guardia donde un médico le visitó y afirmó que no estaba ni borracho ni dormido. Repitió una y otra vez su extraña historia, insistiendo en los mismos detalles, hasta que al cabo de tres días murió.

Durante aproximadamente 300 años, hasta mediados del siglo XVII en la Torre había habido un zoológico real, y entre los animales que allí se cuidaron había numerosos osos. A pesar de que no existan referencias de la autopsia del soldado, el hecho de que muriese tres días después de aquella experiencia podría indicar que estaba enfermo sin saberlo, y que la aparición fue una alucinación causada por su propia enfermedad. Por otra parte, los fantasmas de animales tienen más sentido como "espíritus que regresan" que sus equivalentes humanos, por la sencilla razón que ya hemos apuntado antes: por lo menos ellos "aparecen" exactamente con el mismo aspecto que tenían en vida.

Ciertamente, los cuentos de fantasmas de perros son corrientes en el folklore de los Estados Unidos, Europa y gran parte de África. Los fantasmas de caballos, de rebaños de vacas o de ovejas tienen su papel en las tradiciones, y a pesar de que (al igual que todos los cuentos) las descripciones de sus apariciones hayan sido indudablemente distorsionadas a lo largo de los siglos, algunas de ellas son sorprendentemente convincentes.

El hecho de que el hombre haya perdido muchos de sus instintos "primitivos" mientras que los animales todavía los conservan podría también tener una relación (para la que todavía no existe una explicación) con el papel paranormal de aquéllos. Efectivamente, la sensibilidad de los animales, especialmente de gatos y perros, hacia los fenómenos paranormales es casi un axioma, y se ha intentado utilizar en algunas investigaciones.

El parapsicólogo norteamericano doctor Robert Morris utilizó animales como "controles" en sus experimentos durante los años sesenta. En una ocasión estuvo estudiando una casa habitada por fantasmas, y concretamente una habitación en la que había ocurrido una tragedia. Utilizó un perro, un gato, una rata y una serpiente de cascabel: Cuando hice entrar al perro menos de un metro dentro de la habitación, empezó a gruñir a su dueño y volvió a salir por la puerta. De ningún modo pudimos evitarlo, y además se negó a entrar de nuevo. El gato fue introducido en la habitación en brazos de su amo. Cuando llegó a una distancia parecida dentro de la habitación, saltó inmediatamente sobre la espalda del amo, clavándole las uñas; luego saltó al suelo dirigiéndose hacia una silla. Pasó algunos minutos bufando y mirando fijamente una silla vacía situada en una esquina de la habitación, hasta que le sacamos fuera...

La serpiente de cascabel adoptó inmediatamente una postura de ataque, dirigida contra la misma silla que había intrigado al gato. Al cabo de un par de minutos giró lentamente la cabeza hacia la ventana, para luego apartar la vista de ella y adoptar de nuevo la posición de ataque al cabo de cinco minutos. El único animal que no reaccionó fue la rata; sin embargo, al cabo de un rato los cuatro animales fueron examinados en otra habitación de la casa, y allí se comportaron con toda normalidad.

De hecho, en el confuso mundo de las apariciones (estén dotadas o no de alma) nadie, ni siquiera el investigador psíquico más versado, sabe con exactitud cuál es la motivación que las respalda. Lo cierto es que rechazar el testimonio de los muchos cientos de personas respetables que afirman haber experimentado fenómenos extraños alegando que se trata de espejismos, engaños provocados por uno mismo o mentiras manifiestas denotaría una testarudez absurda.

La pregunta con la que se enfrentan los modernos parapsicólogos y los investigadores de fenómenos psicofísicos es: ¿"cómo" existen los fantasmas? ¿Son espíritus que regresan de la muerte? ¿Son el resultado de la telepatía? ¿Se deben a una alucinación en masa o a la autohipnósis? Los avances en la psicología durante las últimas décadas nos han acercado más al conocimiento de algunos aspectos de las apariciones, pero la verdad definitiva todavía se nos escapa.

La forma más común de "fantasma" parece ser la "aparición en crisis", que tiene lugar cuando una persona que se halla sometida a una gran tensión -algunas veces a punto de morir- se aparece a alguien con el cual le une un estrecho vínculo afectivo en forma de "visión" o, a veces. Cómo una voz incorpórea. La mayoría de los casos de apariciones en crisis tienen connotaciones dramáticas. Por ejemplo. Algunos soldados se han aparecido a sus madres o a sus esposas justo en el momento de sus propias muertes en remotos campos de batalla.

Victoria Branden, en su libro Understanding Ghosts (Entender a los fantasmas) cita el caso de una amiga suya que fue evacuada, junto con sus hijos, desde Inglaterra a Canadá durante la segunda mundial debido a un problema de salud, mientras su marido estaba en el ejercito en Europa. Una noche, los niños estaban ocupados con sus deberes mientras su madre estaba planchando. Según contó a la señora Branden, tenía bastante sueño. De pronto, vio la puerta de la habitación abierta y a su marido uniformado que entraba. Antes de que pudiera recobrarse de su asombro, había desaparecido. Ella dejó la plancha y se sentó casi desmayada en una silla. Los niños rodearon a su madre angustiados y cuando ella les comunicó lo que había pasado, ellos aseguraron que no habían visto nada La puerta, desde luego, no se había abierto en ningún momento. Sin embargo, la madre y el hijo mayor habían leído algo acerca de apariciones en crisis y llegaron a la conclusión de que la visión significaba que el marido había resultado muerto o herido. Tomaron nota de la hora y de las circunstancia, en que se había producido el hecho, pero esto fue lo único que pudieron hacer.

Unos días más tarde llegaron noticias que les tranquilizaron enormemente: el marido había sido inesperadamente designado para asistir en Canadá a unos programas de entrenamiento en un campo muy cercano al lugar donde se hallaba su familia. Esto significaba, por supuesto, que podría vivir con ellos mientras estuviera allí. Cuando la pareja, por fin, se reunió el marido dijo que la noticia le había llegado como un feliz sobresalto. No recordaba haber "proyectado" conscientemente ningún pensamiento hacia su mujer, pero llegaron a la conclusión de que probablemente él había abierto la puerta del despacho de su jefe después de oír la noticia aproximadamente a la misma hora en que la mujer había "visto" su puerta abierta.

Un punto interesante acerca de este incidente es que la esposa se hallaba en un estado de considerable somnolencia en aquellos instantes, con la mente en un estadio abierto y receptivo. En cambio, los niños, que estaban muy concentrados en sus deberes, no vieron ni sintieron nada. De todos modos, permanece como un misterio la forma exacta en que se transmite la información telepática sea en este caso o cualquier otro.

Sin embargo los científicos señalan que la percepción es una cuestión mucho más compleja de lo que parece al principio: algunos sueños muy vívidos, por ejemplo, parecen a menudo perfectamente sólidos y con existencia física, y en tales casos la persona que percibe no está recibiendo información a través de sus ojos. Un hipnotizador puede decirle a un sujeto que cuando despierte sólo el hipnotizador estará en la habitación, aun cuando haya otras personas presentes; y efectivamente cuando el sujeto recobre el conocimiento no verá a los presentes hasta que el hipnotizador retire la sugestión

Un mecanismo parecido puede darse en casos de telepatía aunque parece mentira que el agente -o persona que "envía" la alucinación- pueda conseguir, a mucha distancia e incluso en estado inconsciente, lo que el hipnotizador logra por medio de unas instrucciones muy específicas.

La evidencia señala que en las apariciones en crisis, la mente del agente desempeña un papel mucho menor que la de la persona que percibe. Si observamos los casos registrados, se hace patente que el agente raramente aparece tal como es en el momento de la "transmisión": la persona que percibe no ve un cuerpo mutilado en un coche o un soldado herido a punto de morir en una trinchera, sino lo que parece ser una imagen normal del agente que, además, se relaciona con el ambiente que rodea al que percibe.

Este punto es destacado por G.N.M. Tyrrell en su libro Apparitions (Apariciones). Este autor señala que las apariciones en casos de crisis han sido las causantes de fenómenos no fantasmales tales como sombras proyectadas o reflejadas en un espejo.

Pero la telepatía puede explicar muy pocos casos de apariciones colectivas, en las que un grupo de personas presencian la misma cosa. Uno de los casos más curiosos de aparición colectiva tuvo lugar a finales del siglo XIX, y fue relatado por Charles Lett, yerno del capitán Towns, de Sydney. Un día, alrededor de las nueve de la noche, unas seis semanas después de la muerte del capitán, la hija de éste, la señora Lett, y una tal señorita Berthon entraron en un dormitorio de la casa del difunto. La luz estaba encendida y se asombraron al ver, reflejada en la superficie brillante del armario, la imagen del capitán Towns. Era... como un retrato de medallón, pero de tamaño natural. El rostro aparecía triste y pálido.., y llevaba puesta una especie de camisa de franela gris, con la cual solía dormir. Sorprendidas y medio alarmadas por lo que veían, su primera idea fue que había un retrato colgado en la habitación y que lo que veían era su reflejo, pero no había tal retrato. Mientras estaban mirando y asombrándose, la hermana de mi mujer, la señorita Towns, entró en la habitación, y antes de que ninguna de las dos tuviera tiempo de hablar exclamó: "¡Dios mío! ¿Ven a papá?" Una de las criadas que pasaban por allí fue llamada a la habitación. Inmediatamente gritó: "¡Oh, señorita! ¡El señor!" Llamaron al criado del capitán, al mayordomo y a la enfermera, quienes también reconocieron inmediatamente al difunto dueño de la casa.

Finalmente mandaron llamar a la señora Towns, la cual, al ver la aparición, avanzó hacia ella con su brazo extendido como si quisiera tocarla: a medida que pasaba su mano sobre el panel del armario la figura se iba desvaneciendo y no volvió a aparecer nunca.

Los parapsicólogos partidarios de atribuir un origen telepático a todas las apariciones dirían probablemente que la visión afectó primeramente a la señora Lett o a la señorita Berthon, las cuales la transmitieron mediante transferencia de pensamiento a todos los que llegaron después. Pero la pregunta es la misma: en primer lugar, ¿dé dónde vino la visión?

Uno de los pioneros de la investigación psíquica, F.W.H. Myers, autor del libro Human personality and its survival of bodily death (La personalidad humana y su supervivencia de la muerte corpórea), sugirió que en ese caso se trataba del espíritu o "esencia" del capitán Towns que estaba echando una última mirada a su vieja casa seis semanas después de su muerte. Myers dijo que una aparición "puede ser una manifestación de una persistente energía personal" y citó varios casos para ilustrar su afirmación.

En uno de ellos, un viajante, el señor F.G., llegó una tarde a su hotel en Boston (Estados Unidos), y se sentó a trabajar en su habitación. De pronto, percibió la presencia de alguien y al levantar la vista vio a su hermana, que había muerto hacía nueve años. Se puso en pie de un salto, lleno de alegría, y al llamarla por su nombre desapareció. "Apareció con el mismo aspecto que cuando estaba viva", dijo, pero añadió que tenía una pequeña marca roja en la mejilla derecha.

Trastornado, el señor F.G. hizo una visita inesperada a sus padres y les contó su experiencia. Cuando mencionó la marca, su madre se emocionó profundamente: ella misma había dejado la señal accidentalmente, en el cuerpo ya muerto de su hija, cuando lo estaba preparando para el entierro. Dos meses después la madre murió.

Myers sugirió que la aparición era el espíritu de la difunta muchacha que inducía a su hermano a ir a casa para que viera por última vez a su madre antes de la muerte de ésta.

En el caso de una aparición asociada persistentemente a un lugar o a una casa -o a veces incluso a una persona-, quienes creen en una vida futura afirman que el espíritu está atrapado en su entorno terrenal quizá debido a una tarea que no acabaron, o bien a un castigo, como les sucede a las clásicas "almas en pena" del folklore popular. Sin embargo, a diferencia de los fantasmas de las novelas, estas apariciones no parecen tener que cumplir ninguna función determinada. Como hacía el doctor Harris de Nathaniel Hawthorne, suelen pasear tranquilamente, leer, mirar fijamente por las ventanas, o dedicarse a otras ocupaciones igualmente banales.

Sin embargo, los parapsicólogos suelen afirmar que en ciertos casos puede haber quedado impreso en un lugar una especie de registro psíquico, quizá debido a un acontecimiento violento o a una fuerte emoción generada allí. En estos casos, la aparición no sería un espíritu sensible, una "mente", sino meramente una proyección, como una película de cine. Esta parece ser la explicación más probable para, por ejemplo, la aparición de Edgehill. También tiene relación con las teorías de la telepatía; si una persona puede enviar telepáticamente una imagen de sí misma a la persona que percibe. ¿no podría también enviar una especie de imagen que flota libremente y que permanece colgada, por así decirlo, en la atmósfera, para ser recogida por cualquier persona suficientemente sensible?

Tal concepto explicaría también las a menudo convincentes "fotografías" de apariciones; en tales casos, la película fotográfica puede haber sido más sensible al entorno que su operador; a la inversa, cuando un fotógrafo ve un fantasma y su cámara no consigue captarlo, puede que sea la persona la que se muestra hipersensible.

Si tales registros de fantasmas son posibles, puede ser que no sean necesariamente siempre iguales. Andrew Green, en su libro Ghost Hunting (Caza de fantasmas), cita un caso interesante de una mujer vestida con zapatos rojos, vestido rojo y una toca negra, de la que se decía que había merodeado por una mansión en Inglaterra en el siglo XVIII. A principios del siglo XIX se dijo que la aparición era la de una dama con "zapatos rosas, vestido rosa, y una toca gris". No fue vista de nuevo hasta mediados del siglo XIX cuando la figura había quedado reducida a "una dama con un vestido blanco y con pelo gris". Justo antes de la segunda guerra mundial, lo que se percibía era "el sonido de una mujer andando a lo largo de un pasillo y el crujido de su vestido". En 1971, poco antes de la demolición de la mencionada propiedad, los trabajadores sintieron simplemente "una presencia en uno de los viejos pasillos".

Todos estos argumentos pueden explicar las misteriosas observaciones de seres aparentemente sólidos y vivos en lugares en que tales seres no deberían estar, O quizá no las expliquen todavía del todo. Las modernas investigaciones científicas -por ejemplo, las que se internan en el intrincado campo de la física cuántica- ofrecen constantemente nuevos puntos de vista acerca de viejos fenómenos. Los fantasmas, tanto si son humanos como si no, tanto si son animados como inanimados, pueden todavía demostrar que pertenecen a una esfera de la realidad hasta ahora impensable en nuestra filosofía.