A caso los sueños nos muestren aspectos del mundo real
que no podemos apreciar durante la vigilia.
¿Pueden revelar el futuro?
Hay mucho que discutir acerca de los sueños premonitorios.



Durante el sueño parece que se nos abran otros mundos. Con frecuencia, nuestros sueños nos transportan a tiempos y lugares remotos; nos encontramos a nosotros mismos entre personas y cosas que nos son familiares, aunque extrañamente transfiguradas. Hacemos cosas que nos resultarían imposibles estando despiertos, o nos encontramos paralizados e incapaces de realizar la más simple de las acciones. A veces tenemos la sensación de poseer un conocimiento profundo que daría sentido a toda nuestra vida, conocimiento que olvidamos al despertar o que nos parece incoherente. Y quizás, a veces, los sueños nos proporcionan un conocimiento real, una visión de un futuro que acontecerá en realidad.

La naturaleza de los sueños ha desconcertado a la humanidad civilizada desde los primeros tiempos. Alrededor de los sueños se han desarrollado innumerables creencias y cultos. Esto no debe sorprendernos, ya que actualmente ninguna teoría del sueño y de los sueños es aceptada universalmente.

Las antiguas creencias acerca de los sueños se basaban en la idea de que predecían sucesos futuros, y se inventaron métodos complicados para su interpretación. Uno de los más antiguos manuscritos que se conservan, un papiro egipcio de 4.000 años de antigüedad, está dedicado al complejo arte de la interpretación de los sueños.

Un sueño del faraón Tutmés IV, hacia 1450 a.C., se consideró lo bastante importante como para ser grabado en una lápida que fue erigida frente a la Gran Esfinge de Gizeh. Cuenta cómo, cuando era todavía príncipe, Tutmés soñó durante la siesta que el dios Hormakhu le hablaba, diciéndole: "La arena del paraje en el que transcurre mi existencia me ha cubierto. Prométeme que tú harás lo que desea mi corazón; entonces sabré que tú eres mi hijo, que tú eres mi salvador..." Cuando fue faraón, Tutmés retiró la arena que cubría la Esfinge sagrada en honor de Hormakhu, y su reinado fue largo y fructífero, tal como el dios le había prometido en el sueño.

El sueño de los pies de arcilla
En el Libro de Daniel se halla recogida una historia dramática, referida a un sueño de Nabucodonosor, rey de Babilonia. El rey despertó una mañana seguro de haber tenido un sueño, pero incapaz de recordarlo. Con la seguridad de que era de origen divino, llamó a sus sabios para que le contasen el sueño y su significado. Insistieron en que no podían saber cuál había sido el sueño, pero Nabucodonosor les amenazó con la muerte si fracasaban.

Daniel, famoso ya por su conocimiento de visiones y sueños, salvó la situación. Rogó para que Dios le revelara el sueño, y esa noche tuvo una visión. Vio una imagen con la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies parte de hierro y parte de arcilla. La imagen fue destruida por una roca, que se convirtió en una montaña y cubrió toda la Tierra. El rey reconoció su sueño, y Daniel lo interpretó así: la cabeza de oro representaba el gobierno del rey, y las otras partes de la imagen el declive del reinado bajo los sucesivos gobiernos, finalizando con su destrucción. El reinado siguiente sería establecido por Dios y ya no tendría fin. El rey rindió tributo a Daniel y lo ascendió a un alto cargo.

El patriarca del Antiguo Testamento Jacob, cuando huía de su sanguinario hermano Esaú (a quien había engañado acerca de su primogenitura), durmió en el desierto y tuvo el siguiente sueño: vio una escala tendida desde la tierra al cielo, por la que los ángeles del Señor subían y bajaban, mientras él permanecía en lo alto.

Dios le dijo a Jacob que la tierra en la que yacía sería para él, y le prometió: "de aquí y de ti surgirán todas las familias de la Tierra". El sueño inspiró pánico a Jacob, pero luego se convirtió en realidad, pues él fue el antecesor de todas las tribus de Israel.

Al igual que los patriarcas, los generales también dirigían sus asuntos según el supuesto significado de los sueños. Alejandro Magno, durante el asedio a la ciudad Fenicia de Tiro, en el año 332 a.C., soñó con un sátiro danzando sobre un escudo. Su interpretador de sueños, Aristandro, reconoció este sueño como un hábil juego de palabras: satyros (sátiro en Griego), podía ser tomado como sa Tyros, cuyo significado sería "Tiro es tuyo". Alejandro prosiguió la campaña y conquistó la ciudad.

Este ejemplo de sueño convertido en juego de palabras apunta a la teoría freudiana de que el inconsciente es un gran burlón que expresa los impulsos reprimidos por medio de múltiples juegos de palabras, creando sueños codificados en mensajes que puedan eludir la censura de la mente consciente.

Pero entre los pensadores especulativos del antiguo mundo, algunas voces se alzaron contra las teorías de los sueños comúnmente aceptadas. Cicerón, el más grande de los oradores romanos, aseguraba con vehemencia en el siglo I a.C. que aquellos que se atribuían la capacidad de interpretar los sueños, lo hacían basándose en conjeturas y no en un conocimiento bien fundamentado. Y aunque entre los musulmanes la adivinación de los sueños era aceptada como un medio válido para conocer el futuro, Mahoma la prohibió en el siglo VI d.C., porque había alcanzado proporciones alarmantes entre el pueblo.

Actualmente resulta muy mal visto considerar los sueños como contactos con los dioses o espíritus. Existe una división entre los psicólogos académicos que consideran los sueños como reflejo de la actividad subconsciente y expresión de nuestras esperanzas y temores, y aquellos que creen que los sueños simplemente vacían el cerebro de la basura acumulada durante el día.

Sin duda algunos sueños, especialmente las pesadillas, son causados por influencias psicológicas complejas, cuyas raíces descansan más en el pasado que en el entorno inmediato. Pero existe otra clase de sueños: esos sueños sorprendentes que parecen predecir acontecimientos futuros y que probablemente se hallan en la base de las antiguas creencias acerca de la adivinación.

Un sueño profético citado con frecuencia es el concerniente al asesinato del primer ministro británico Spencer Percival, ocurrido el 11 de mayo de 1812. Ocho días antes alguien que vivía en Cornualles soñó lo siguiente: vio a un hombre pequeño entrando en la Cámara de los Comunes; vestía casaca azul y chaleco blanco. Luego vio a otro hombre sacando una pistola de una casaca marrón, la pistola estaba adornada con clavos amarillos. Este hombre le disparó al primero, que cayó al suelo sangrando por la herida del pecho. Otros caballeros que estaban presentes detenían al asesino. Preguntó quién había recibido el disparo, y le dijeron que era el señor Perceval. Quedó tan impresionado por este sueño que quiso advertir al primer ministro, pero sus amigos le disuadieron diciéndole que le despedirían como a un fanático. Más adelante, durante una visita a Londres, vio los cuadros del asesinato en tiendas de grabados, dibujados según el relato de testigos presenciales. Reconoció muchos detalles de su sueño: incluso la indumentaria de los dos hombres coincidía.

Aunque se dice que este incidente fue cuidadosamente estudiado y confirmado en su tiempo, está lejos de constituir una buena evidencia, pues se desconoce la identidad de su autor. En contraste, el siguiente sueño fue descrito por un gran escritor, Charles Dickens:

Soñe que veía a una dama con chal rojo de espaldas a mí. Cuando se volvió advertí que no la conocía y dijo: "Soy miss Napier". Mientras me vestía, a la mañana siguiente, pensé: ¡qué cosa más absurda tener un sueño tan preciso acerca de nada! Y ¿por qué miss Napier? Jamás había sabido de ninguna miss Napier. Aquel mismo viernes por la noche estuve leyendo en la sala y después entraron miss Boyle con su hermano, y la dama del chal rojo, que me presentaron como "miss Napier".

Sueños de muerte y desastre
Estos sueños, como indica Dickens, son muy detallados, o bien presentan alguna cualidad especial que les es propia. El doctor Walter Franklin Prince, clérigo e historiador americano, y brillante investigador psíquico, contaba que en el transcurso de su vida tuvo cuatro sueños que, comparados con el resto, son "como la noche al día". Las imágenes en estos sueños eran extraordinariamente reales, y las emociones que producían, intensas. Este es el relato de uno de sus sueños:

Estaba mirando un tren cuya cola salía de un túnel. De pronto, para mi horror, otro tren se arrojó sobre él. Vi arrugarse y amontonarse los vagones, y de entre la masa de restos salían los gritos agudos y agonizantes de los heridos... Luego lo que parecían ser nubes de vapor o humo se incendiaron y los gritos de agonía aumentaron. En este instante mi esposa me despertó, preocupada por mis gritos angustiados.

A la mañana siguiente ocurría en Nueva York, a 125 km. de distancia, una catástrofe ferroviaria. Cuando el doctor Brice leyó las crónicas de los periódicos quedó sorprendido por la similitud de muchos detalles: los trenes colisionaron a la entrada de un túnel, los conductos de vapor reventaron y se produjo un incendio, etcétera.

John W. Dunne, ingeniero aeronáutico británico, estaba intrigado por sus propios sueños que, con frecuencia, parecían predecir acontecimientos futuros. En su libro An experiment with time (Experimento con el tiempo, 1927) describió meticulosamente algunos de ellos. El siguiente, ocurrido en otoño de 1913, es un ejemplo típico:

La escena era un terraplén con una vía de ferrocarril. Supe entonces que el lugar se encontraba al norte del puente de FirthForth, en Escocia. Al pie del terraplén había una senda, por la que la gente paseaba en pequeños grupos. La escena se repitió algunas veces, pero en la última vi que un tren que iba en dirección norte había caído por el terraplén. Vi varios vagones cayendo y bloques de piedra rodando.

Trató de fijar la fecha, pero todo lo que pudo conseguir fue localizarla en la primavera siguiente (a mediados de abril).

El 14 de abril de 1914 el tren-correo "El escocés volador" saltó el parapeto cerca de la estación de Burntisland, 24 kilómetros al norte del puente Forth, cayendo sobre el campo de golf desde 6 metros de altura.

Recientemente se han instalado en diversos lugares del mundo oficinas para recoger las premoniciones del público, en un intento de contrarrestar la opinión de que estos relatos sólo se conocen después de que los hechos hayan ocurrido. La Oficina de premoniciones de Toronto, recibió el siguiente relato de una premonición que, como muchas otras, tiene su origen en un sueño.

La señora Zmenak soñó que recibía una llamada de la policía. Le dijeron que su marido llegaría a casa algo más tarde porque se había producido una muerte; luego vio un cuerpo sin piernas. Al despertar estaba segura de que su esposo no iba a morir, pero si de que alguien moriría si él salía de casa al día siguiente. El esposo desestimó la advertencia.

De regreso a casa, el coche del señor Zmenak sufrió una avería y se detuvo. Mientras él iba a telefonear, un coche de la policía se detuvo para comprobar lo que hacía, y también se detuvo otro coche al otro lado de la calzada. Su conductor se había perdido y cruzó la carretera para informarse. El policía le indicó la ruta, pero cuando regresaba a su coche fue atropellado y murió en el acto. Sus piernas quedaron como separadas del cuerpo.

Cuando un sueño profético coincide con la realidad de una forma tan exacta, se diría que durante el sueño las barreras del tiempo y del espacio se pueden saltar. Como todos dormimos y soñamos, todos tenemos la posibilidad de traspasar esas barreras en alguna ocasión.